El gran milagro de la Pilarica

7 octubre 1999 :: Alfa y Omega, por Miguel Ángel Velasco

En Roma trabaja cada día una legión de los mejores y más sutiles periodistas del mundo, los vaticanistas. Evidentemente, como en cualquier otro centro informativo del mundo, ni son todos los que están ni están todos los que son. Vittorio Messori lo es, sin estar. Ni siquiera es de los que andan todo el día bailando aguas y rondando curias y ambientes clericales, sino tal vez exactamente lo contrario. Como él mismo dice, suele estar lejos de cualquier centro importante, político o cultural, e incluso religioso.

Messori es uno de ésos y, desde luego, quiere continuar amando y defendiendo el catolicismo, quizá porque entró en su vida tarde. Digámoslo ya: Messori es un converso, con toda la fuerza y la pasión del converso y con toda la garra y profesionalidad del periodista de raza. También es uno de los escritores italianos de más éxito, y a alguien puede parecerle sorprendente cuando la mayor parte de sus libros son de religión. El primero que publicó tras su conversión, Hipótesis sobre Jesús, ha sido traducido a más de sesenta idiomas y sólo en Italia ha superado el millón de ejemplares.

Es obvio que Messori quiere convencer a los demás de lo que es la gran convicción de su existencia: que la fe cristiana no va contra la razón, como él mismo creía antes: que lo contrario de la fe no es la razón, sino la superstición, hoy tan en boga. Cuando el hombre deja de creer en Dios -decía Chesterton-, acaba creyendo cualquier cosa.
Probó el género del libro-entrevista con otro trabajo de enorme éxito mundial, Informe sobre la fe, en conversación con el cardenal Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, quien le explicó lo que no funciona en la Iglesia. Luego Juan Pablo II le honró con una larga entrevista personal: Cruzando el umbral de la esperanza. Al Papa los libros de Messori le habían impresionado hasta tal punto que un año le encargó el texto que suele leerse el Viernes Santo en el Coliseo, durante el Vía Crucis. Ni una sola de sus preguntas, inteligentes, hondas, sin concesiones a la galería, ni una sola de sus respetuosas, lúcidas provocaciones quedó sin cumplida respuesta en la entrevista.

Tan lince como simpático, el buenazo de Vittorio tiene ahora 58 años; no está casado, proviene de una familia agnóstica y anticlerical de la región roja italiana, la Emilia Romagna del don Camilo y Peppone de Guareschi, la de Berlinguer y su PCI; no conocía el cristianismo cuando, a los 23 años, leyó por vez primera el Evangelio, lo que cambió su vida. Vive a orillas del precioso lago de Garda y, desde hace años, es asesor de la editorial Mondadori, de Milán.

No pierde un minuto en polémicas politiqueras y banderizas, ni en etiquetas progres o carcas. Asegura que se siente muy a gusto en la Iglesia, y que no sufre la actual dolencia esquizofrénica de tratar de destruirla desde dentro. Piensa que la verdadera censura de hoy está en la desinformación y manipulación de lo religioso que dan los diarios laicos, siempre en clave política.

Cree que en la Historia sólo hay una cosa nueva: el Nuevo Testamento, y que la diferencia entre un revolucionario y un cristiano es que aquél quiere cambiarlo todo menos a sí mismo, y éste, igual, sólo que empezando por sí mismo.

Éste es el Vittorio Messori que ayer presentó en el Club Zayas de Madrid la traducción española, publicada en la espléndida colección Planeta-Testimonio, de su último libro El gran milagro. Este gran milagro es un hecho rigurosamente documentado, que sucedió en Calanda, en Aragón, en el pueblo de Buñuel, y Messori todavía no ha salido de su asombro de que aquí, donde todos tanto nos pasamos de listos y nos las sabemos todas, apenas sí se conoce, cuando no se desdeña o se ironiza sobre este milagro de Calanda. Hay muertes que pueden ser estados catalépticos, y de los que, por intercesión de Nuestra Señora del Pilar, se puede volver a la vida; que a un muchacho, al que se le ha amputado una pierna gangrenada, le quede, dos años después, la noche del 29 de marzo de 1640, mientras duerme, reimplantada la pierna que había quedado enterrada a muchos kilómetros de distancia, en el cementerio de un hospital, es algo que supera el orden natural de las cosas, y no hay Medicina ni Ciencia que lo explique.

Vittorio lo cuenta con rigurosa minuciosidad en este libro que es uno de los mayores homenajes posibles a la Virgen, Nuestra Señora, en la celebración de la fiesta de su venida en carne mortal a Zaragoza. Cirugía tan sofisticada no estaba al alcance del hombre hace tres siglos. Cuenta Messori el desafío, el hecho, y la enseñanza para el sabihondo y prepotente y pobre ser humano de hoy.

Vittorio escribe en este libro que, a partir de que una violenta e inesperada convicción interior me arrojara, «a mi pesar», hacia una dimensión religiosa extraña para mí hasta ese momento, no he hecho otra cosa que investigar acerca de «las razones para creer» en la verdad anunciada por el Evangelio.

Los hechos aquí contados responden a la investigación histórica -archivos también milagrosamente salvados de la guerra civil- más actualizada y rigurosa. El milagro, para decirlo hablando en plata, no tiene vuelta de hoja. Es de los que dejan con la boca abierta y sin argumentos al más recalcitrante enemigo de la fe católica. Quien lo ponga en duda tendría que poner en duda toda la Historia, incluyendo los hechos más atestiguados.

En Calanda, la Historia más verídica abre una ventana que permite descubrir que, detrás del tiempo y de las apariencias, existen realmente la Eternidad y el Misterio. Así acaba este libro apasionante y fascinante.

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